Te has preguntado alguna vez porqué Dios no responde inmediatamente en momentos de gran dolor o necesidad? Recientemente me lo he preguntado una y otra vez al enfrentar grandes retos en mi vida personal. Hoy, en camino a la oficina, hablaba con Dios y le preguntaba porqué no había contestado mi oración si sabía cuanto necesitábamos un milagro.
Como siempre, la respuesta que recibí de parte de Dios no fue la que esperaba. Pensé que me iba a decir que esperara más, que creyera más, y que orara más. Pero solo me dio una palabra... Shalom. Este término generalmente es traducido como 'paz' al Español. Pero hoy entendí el gran peso de esa palabra como nunca antes.
En el Hebreo original, Shalom tiene un significado multifacético que la traducción que conocemos realmente no captura. Shalom no solo significa paz. También significa seguridad, salud, prosperidad, tranquilidad, amistad y plenitud.
Así que cuando Dios me dio esa palabra esta mañana, yo instantáneamente supe lo que me quizo decir. En otras palabras, a Dios no le urge satisfacer esta necesidad presente que me agobia, porque Él sabe que lo que REALMENTE necesito es Shalom. Más que una respuesta inmediata a mi necesidad diaria, Él quiere darme lo que mi corazón añora--seguridad, salud, prosperidad, tranquilidad, amistad y plenitud. Y en muchos casos, Shalom toma tiempo.
Al recordar cómo Dios ha respondido a mis oraciones en tiempos atrás, me doy cuenta de que Él nunca ha cedido ante mi apuro. Más bien se ha dedicado a mi bienestar. Cuando le pedí que me sanara de una enfermedad incurable, Él esperó dos años para hacerlo, pero durante esa espera desarrolló en mí una gran hambre por su Palabra, paciencia para enfrentar futuras pruebas, y un amor más estrecho entre mi esposo y yo. Yo quería la sanidad HOY, pero Dios esperó muchas mañanas para darme Shalom; mucho más que la simple sanidad que pedí.
¡Gracias a Dios... por Dios! Él no está limitado a la fecha en que nos toca pagar la luz y el agua. No tiembla cuando el doctor nos da un mal diagnóstico. No se esconde cuando nuestras dificultades son más de las que podemos vencer. En su omnisciencia, Dios escucha nuestra oración, se compadece de nuestro sufrimiento, pero a la vez examina nuestro destino para darnos la respuesta ideal a nuestra gran necesidad.
Si Dios parece estar ausente o sientes que quizás esta vez no ha escuchado tu oración, ¿será posible que como siempre Él te quiera dar más de lo que pides? Efesios 3:20 nos dice que Dios es "poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros." No nos conformemos con tan poco. Esperemos más de Dios. Recordemos lo que ha hecho y que eso nos sirva para saber que Él escucha y espera hasta poder darnos lo mejor de sí mismo.
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